El futuro de la alimentación se llama agricultura vertical

Alimentos locales, sin pesticidas y cuya producción no genere emisiones ahora son posibles más allá de pequeños huertos urbanos. La producción a escala industrial responde al nombre de agricultura vertical. A pesar de que en Europa la agricultura tradicional tiene un peso importante, ya hay compañías que trabajan el cultivo vertical, ayudando a ahorrar agua y espacio, moldeando un mercado que crecerá exponencialmente en los próximos años, hasta alcanzar ingresos por valor de 6.400 millones de dólares para el año 2023.

En Europa, Holanda fue pionera con la primera granja vertical que operó comercialmente. La compañía Staay Food Group la instaló en Dronten, desde donde comenzó a servir a una de las cadenas de supermercados más grandes del continente. También fue utilizada como banco de pruebas para mejorar los procesos de cara a la creación de nuevas granjas verticales. A partir de 900 metros cuadrados, el espacio de cultivo se multiplicaba exponencialmente hasta los 3.000 metros cuadrados.

Pero a nivel mundial uno de los grandes referentes es Aerofarms, la compañía americana que patentó tecnología LED para que las plantas pudieran hacer la fotosíntesis, con la mayor eficiencia energética posible. Con este sistema, ya no hay límites para la producción alimentaria, ni la escasez de agua ni la climatología ni la falta de espacio. AeroFarms construyó en Nueva Jersey la mayor granja vertical del mundo, con 6.500 metros cuadrados y una producción de más de 900 toneladas de vegetales de hoja al año.

Con más de 14 años de experiencia, su sistema de granjas verticales permite que los alimentos crezcan con un 95% menos de agua de la que se emplearía en un cultivo tradicional, y con un 40% menos que en el caso de un sistema hidropónico. Estos porcentajes se consiguen con el uso de aeroponía, basado en la pulverización de agua, a la que se le añaden nutrientes y oxígeno.

Esta nueva forma de cultivo permite predecir los resultados de una cosecha, conseguir alimentos de mejor calidad y reducir el impacto medioambiental. Asimismo, se incrementa la productividad por pie cuadrado hasta en 390 veces respecto a las granjas de tierra. Otra de las ventajas es la posibilidad de automatización completa e integración con big data, lo que la hace aún más sostenible y optimizada. Además, las cosechas que se obtienen son más homogéneas, disminuyendo el desperdicio alimentario, y permiten tener varias cosechas al año, al no depender del clima.

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